¿Jugar a qué, diréis?
A ningún juego en particular. A esas miradas que se cruzan, y esos labios que se aprietan. A esos, mírame, pero no. Y esa risa, al saber que lo hago.
Ese juego que hace que una hora, en un hospital, sea como 5 minutos en un parque de atracciones.
Entonces llega tu turno. Entras, te curas y te marchas. Dejando atrás un juego, del que nunca te habrías cansado de jugar. Preguntándote, quién sería ella, cómo se llamaba, o si algún día, volverás a verla.
Juan Rubio Ríos
29 de Enero de 2012.
Huércal de Almería
No hay comentarios:
Publicar un comentario