domingo, 29 de enero de 2012

Sin querer, queriendo.

Levantarse tan tranquilo, una mañana de domingo. Ducharse, y dirigirse al ambulatorio de guardia, a realizarte unas curas que deberías de haberte hecho días atrás. Entrar en la sala de espera y ver, que debes esperar 20 turnos  hasta que llegue tu vez, no es nada, si justo detrás tuya, entra alguien con quien jugar.

¿Jugar a qué, diréis?

A ningún juego en particular. A esas miradas que se cruzan, y esos labios que se aprietan. A esos, mírame, pero no. Y esa risa, al saber que lo hago.
Ese juego que hace que una hora, en un hospital, sea como 5 minutos en un parque de atracciones.

Entonces llega tu turno. Entras, te curas y te marchas. Dejando atrás un juego, del que nunca te habrías cansado de jugar. Preguntándote, quién sería ella, cómo se llamaba, o si algún día, volverás a verla.

Juan Rubio Ríos
29 de Enero de 2012.
Huércal de Almería

No hay comentarios:

Publicar un comentario